25 octubre, 2009
Todo parece seguir igual
Todo parece seguir igual, el mismo pasaje desolado al salir, el mismo señor regando su jardín, el mismo tiempo que se demora en pasar el carro. La misma frase: “cóbrate, a Salaverry”, y al llegar: “Señorita, su carnet?”. La rutinaria visita al baño, las mismas banquitas del cuarto piso, y en las noches de frío, la misma maquina dispensadora de café. Las mismas aulas, el mismo ascensor, la misma cafetería, el mismo “Franklin” y el mismo “Teo”. La misma pileta, los mismos caracoles que salen en la lluvia, sin saber que serán brutalmente aplastados, el mismo carro. Todo sigue igual, el mismo paradero desolado al llegar y el mismo camino por aquel pasaje, donde sólo se pueden escuchar mis pasos, mientras busco mis llaves y pienso: creo que las olvidé, pero al final siempre las encuentro refundidas en mi cartera. La misma cola de mi perrita recibiéndome y el mismo típico cariñito cuando no estoy de humor. El mismo cuarto, la misma cama, la misma luna. Todo a simple vista parece normal, sin embargo, hoy, aquella típica llamada en la madrugada ya no está mas, aquella voz entonando sus singulares canciones, no la he vuelto a escuchar. Hoy esas conversaciones burlonas llenas de apodos e historias alucinantes ya no están, ni esas caricias toscas, ni sus metidas de pata. Hoy ya no he vuelto a escuchar ese “perdóname, Leylita”, que muchas veces llegó a mí tan fríamente. Hoy ya no sentí el latir de su corazón, ya no sonreí al oir algún chiste suyo. Hoy esa forma loca de sentirme bien ya no está, ni aquel beso que alguna vez pudo ser tan especial. Hoy, al parecer, todo sigue igual, con la única diferencia de que él ya no está.
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1 comentario:
La misma máquina dispensadora de café que a veces no funciona y se roba nuestra luca y se burla de nuestras ganas locas de algo calientito. Al menos siempre nos queda acompañarnos, no? =)
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